De visita en los juzgados

Faena diaria en juzgados Por pura casualidad hoy me tocó visitar los Juzgados de Managua. Llegué en busca de un abogado que estaba a minutos de iniciar una audiencia. “La entrevista tiene que ser rápido”, me dijo. Y yo dije, bueno, si de todas formas no era una entrevista a profundidad.

No voy a describir el tema que me llevó a ese lugar, pero sí les voy a contar cómo son los famosos Juzgados de Managua, por donde cada día circulan centenares de personas, desde reos, abogados, jueces, personal administrativo, familiares de los acusados, testigos, policías y comerciantes.

Un momento, dije comerciantes. Sí, comerciantes. De entrada para llegar a los Juzgados de Managua hay que pasar por un pasillo que durante años y años le ha dado el sustento a los varios comerciantes que desfilan por ahí.

Si el abogado, el cliente, el familiar o el mismo policía no tuvo tiempo de desayunar, puede ingerir cualquiera de las exquisiteces que ahí ofrece: Baho, vigorón, hamburguesas y una buena variedad de refrescos naturales.

Luego, si se sienten con algo de ánimos para alimentar el intelecto, al dar un par de pasos más al norte, en dirección a las salas de audiencia, está el “departamento de libros”. Ahí varios vendedores han modificado sus puestos para convertir las simples mesas en estantes al estilo librerías.

Y, si acaso se le olvidó limpiarse los zapatos, un par de lustradores están a la espera para solucionarle el problema.

Y, finalmente, para llegar a su lugar destino, debe identificarse con un poco cordial guarda de seguridad. Una vez pasado ese “coladero”, ingresa a un edificio en ruinas por los años donde funcionan las distintas salas de audiencia y oficinas de los jueces.

Las salas, muchas reducídas a la mínima expresión de lo que uno se puede imaginar como sitio para realizar juicios, son pequeñísimas oficinas en las que han acomodado a fuerza un estrado, un par de mesas y una que otra silla para que se sienten algunos de los presentes en cada actividad. Por lo general las sillas alcanzan no más para los acusados y los abogados, con suerte los policías custodia y los familiares pueden escuchar sentados el juicio.

Hoy, la sala a la que entré, la número 4 de audiencia, era tan pequeña que con cuatro pasos podía llegar a la silla del juez y con otros tres pasos al otro extremo de los acusados.

Por petición de mi entrevistado, minutos antes de la audiencia, comencé a preguntar lo que me interesaba sin salir de la sala.

“Síentese aquí”, me dijo. Arrimó una silla negra mientras él se acomodaba en otra igual.

Frente a los tres acusados con caras nada amistosas, bajo un charco de agua formado por la “cascada” que brotaba del “aire acondicionado” que sonaba como motor de carro viejo, entrevisté al hombre que como todo litigante defendió el sistema judicial nicaragüense y me habló maravillas de los magistrados de nuestra flamante Corte Suprema de Justicia que ha gastado miles de palabras y perdido muchísimo tiempo desde que anunció la “iniciativa” de construir un nuevo y ¡¿moderno?! Edificio para los Juzgados de Managua.

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